viernes, 6 de diciembre de 2019

Auto-observación


La habilidad de perdonar a los demás depende de cuán sinceros seamos con
nosotros mismos. ¿Acaso nuestro viaje por esta vida ha sido de pureza,
perfección y limpieza, sin un pensamiento, palabra o acción erróneos? Si nos
vemos con sinceridad, ¿cómo no perdonar a los demás? Cuando aceptamos
nuestras deficiencias desaparece nuestro enojo hacia otros. Todos hemos
actuado erróneamente en el pasado, ya sea por no haber sabido lo que era
correcto o movidos por el miedo o la falta de comprensión.

Cuando examinamos el pasado, solemos arrepentirnos de muchas cosas que
dijimos o hicimos. Una vez que ha pasado el tiempo y que adquirimos una
mayor comprensión nos damos cuenta de lo que es correcto y podemos
empezar a rectificar. Con el simple deseo de hacerlo iniciamos el proceso de
perdonarnos a nosotros mismos. Para que el proceso continúe debemos
perdonar a los demás. No es posible condenar a los demás y disculparnos;
esto es hacer trampa, y un auto-engaño. El poder de perdonar surge de la
compasión.

El perdón hace desaparecer la necesidad de demostrar que tenemos razón y
nos permite eliminar la indignación debida a supuestas injusticias. Si no
aprendemos a perdonar, el resentimiento nos envenenará. Aquellos que no
perdonan, que insisten en interpretar el papel de jueces, deberán esperar lo
mismo a cambio; ¿cómo podría ser de otra manera?

Cuando no perdonamos llevamos una doble carga: tanto el resentimiento por
la injusticia cometida por otros como la oculta realidad de nuestra propia
injusticia. El perdón nos libera de esas amargas emociones. Perdonar
significa ser compasivo y avanzar pacíficamente sabiendo poner un punto
final en nuestra mente y en nuestro corazón. Perdonar es un signo de
sabiduría espiritual.

lunes, 21 de octubre de 2019

Auto-observación


Una manera de evaluar de forma práctica y consistente nuestro progreso
espiritual es darnos un tiempo para nosotros mismos al final del día. Tomarnos
unos 10 minutos y sentarnos en soledad y silencio para revisar el día. ¿Qué
sucedió desde el momento de despertarnos hasta ahora?
Revisar con atención todo lo que hicimos, nuestras interacciones con otras
personas y lo que estuvimos pensando y sintiendo. Evaluar cuál fue la calidad de
nuestra respuesta. ¿Fue acorde al nivel de calidad que nos hemos fijado?
Notaremos que cada día trae algún que otro desafío conectado con nuestros
valores.

Nos tenemos que observar a nosotros mismos desde la perspectiva del
observador desapegado y preguntarnos si hubiera sido posible otra manera
mejor de responder ante determinada situación, o hubiéramos podido elegir
mejores palabras.

Es una buena iniciativa anotar en un diario las observaciones sobre uno mismo
que consideremos relevantes y útiles al hacer este proceso de auto-observación.
A medida que hacemos este proceso cada día, veremos que en nuestra vida se
manifiestan ciertos patrones. Y nos daremos cuenta de que estos patrones
tienen mucho que ver con los diferentes conflictos, problemas o complicaciones
que se presentan en nuestras vidas. Identificaremos claramente patrones
internos de los que queremos y necesitamos liberarnos para conseguir mayor
armonía, plenitud y satisfacción en nuestras vidas.

Nos daremos cuenta también de la importancia y del valor de meditar
regularmente. La meditación nos ayuda a crear una conciencia elevada y a
desactivar y transformar las tendencias y hábitos de conciencia limitada y
extrovertida (enfocada en el exterior) en la que caemos con frecuencia.

Experimentaremos gran bienestar a medida que tenemos éxito en los cambios
internos necesarios y nuestra consciencia se va volviendo más limpia y clara.
También podremos observar una significativa diferencia en la calidad de nuestra
conexión y experiencia de Dios así como nuestras relaciones y conexiones con
las demás personas.

Silencio y conexión con lo divino


La experiencia del silencio en la meditación lleva nuestra energía mental y emocional a un punto de concentración donde encontramos la quietud. Sin esta quietud interna, en los conflictos nos comportamos a veces como una marioneta arrastrada por las diversas cuerdas de las influencias externas. Este punto de quietud interior es la semilla de la autonomía que corta tales cuerdas y termina con las pérdidas de energía.

El silencio sana. Es como un espejo. El espejo no culpa ni critica, pero ayuda a ver las cosas como son, ofreciéndonos un diagnóstico que nos libera de los pensamientos erróneos. El silencio nos devuelve la paz original del ser, una paz que es innata, divina, que cuando se invoca fluye por el ser armonizando y sanando cada desequilibrio. El silencio es completo y pleno, amable, poderoso y tremendamente activo.

En el silencio profundo y sereno de la meditación, en la contemplación de tal silencio pleno, se nos abren las puertas a esta comunicación divina y trascendente. El silencio es el puente de comunicación entre lo divino y lo humano, me abre a la experiencia del amor de Dios. El silencio espiritual prepara el corazón y la mente para comunicarme con Dios.

El silencio espiritual me da energía pura y altruista de la Fuente Creativa, abriendo horizontes ilimitados de nueva visión. Para liberar al ser de la negatividad, requiero silencio. Absorto en la profundidad del silencio, inicio un proceso de renovación interior. En esta renovación, la mente se limpia, facilitando una percepción diferente de la realidad.

El silencio es el lenguaje para comunicar con Dios. Silencio unido al amor. Donde hay amor, la concentración es natural y estable, como una llama serena de una vela que irradia su aura de luz. Cuando la mente humana está absorta en el pensamiento de Dios, la armonía de la reconciliación se siente en profundidad.

En esta unión silenciosa de amor uno llega a estar completamente reconciliado, no como un proceso intelectual, sino como un estado de ser.

Libertad y Responsabilidad


La libertad es un ingrediente esencial para experimentar felicidad. Cuando hay
amor y respeto verdaderos hacia los demás, de forma automática la persona
utiliza su libertad con un sentido de responsabilidad; sabe no infringir en los
derechos de otro ya que entiende que el otro también tiene sus derechos, tiene
un papel que interpretar, tiene un valor y por encima de todo, también tiene su
derecho a la libertad.

Una persona irresponsable nunca es libre; irresponsable significa el que usa de
forma incorrecta su propia libertad o restringe la libertad de los demás debido al
egoísmo o al ego. Tal persona nunca se va a experimentar libre ya que tiene que
experimentar las consecuencias y el efecto de tal actitud y tales acciones. Las
consecuencias pueden venir en la forma de soledad, vacío interior, falta de amor,
depresión, etc.

La libertad y la responsabilidad son las dos caras de la misma moneda y son
absolutamente inseparables. Es una regla fundamental de todas las relaciones e
interacciones humanas. En otras palabras, es la conocida ley del karma, que
enunciada de una forma sencilla significa que por cada acción que realizamos
existe una reacción igual y de sentido opuesto. Lo que damos a los demás, sea
positivo o negativo, es lo que nos va a retornar. Somos libres de elegir, pero
cada elección personal lleva consigo una responsabilidad personal y unas
consecuencias.

El mundo es un escenario en el que todos somos actores. Cada actor tiene un
papel único y es responsable de sus propias acciones. La responsabilidad
consiste en hacer las cosas de la manera correcta sin que importe si la tarea es
grande o pequeña. Cada uno de nosotros tiene un papel especial que representar
para hacer que el mundo sea un lugar mejor.

La libertad es un estado mental. La clave de la libertad es comprender nuestro
ser. Cuanto más comprendemos nuestro ser, más fácil es liberarnos de las
cadenas de las cosas inútiles y negativas. La libertad es no dejarse influir, ni
afectar por nada, es estar en paz con nuestro ser. La verdadera libertad es
experimentar la auténtica esencia del propio ser.

Una mente poderosa


El poder de la mente humana es el mayor poder que poseemos. Creados en la mente, los pensamientos se manifiestan en palabras y acciones que nos afectan no sólo a nosotros y a los demás, sino finalmente al mundo también. El mundo es, por tanto, un reflejo de nuestra consciencia.

Todo lo que crean los seres humanos se crea primero en la mente, a través de los pensamientos. Nuestras esperanzas, sueños, visiones, nuestras actitudes y valores, nuestra consciencia y maneras de ver el mundo, todo surge de las semillas de nuestros pensamientos. A través de nuestros pensamientos creamos nuestro destino. Por ejemplo, los pensamientos de Edison llevaron al descubrimiento de la electricidad, que ha contribuido significativamente a mejorar el nivel de vida de todos. Los pensamientos de Gandhi llevaron a la liberación a una nación entera a través de la resistencia no-violenta. Esto proporcionó una duradera inspiración a nivel mundial para la resolución de conflictos a través de métodos pacíficos.

Los pensamientos se pueden dividir en cinco categorías:

Pensamientos necesarios, los que son útiles para la vida, tales como “he de comprar esta comida, etc.”

Pensamientos inútiles, que son improductivos, tales como soñar continuamente en ganar una lotería o volver de manera compulsiva hacia algo del pasado una y otra vez.

Pensamientos negativos, que lastiman al ser y a los demás, tales como “no me gustas”.

Pensamientos positivos, que benefician al ser y a los demás, tales como “estoy seguro de que está intentándolo lo mejor que sabe y puede”.

Pensamientos elevados, que, basados en conocimiento espiritual, refuerzan el vínculo entre nuestro ser y Dios, tales como “soy un alma pacífica”.

Si queremos cambiar, es obvio que necesitamos crear pensamientos positivos acerca de nosotros mismos y de los demás. A menudo esto es un desafío, ya que con el paso de los años, nos hemos afectado considerablemente por los pensamientos negativos de los otros, tales como nuestros padres, profesores y jefes. Sufrimos de una baja autoestima y una falta de auto-respeto que hace que nos sintamos internamente lisiados a nivel espiritual.

Necesitamos revisar y cambiar tales pensamientos, reemplazándolos con los pensamientos elevados y el poder del amor profundo que viene de conocer nuestra verdadera identidad espiritual y de conocer a Dios.

jueves, 12 de septiembre de 2019

Responsabilidad personal


Si sucede algo que no nos agrada, con frecuencia la tendencia humana es señalar hacia fuera, buscando algún culpable. Gandhi hizo la famosa observación de que cuando señalamos con el dedo hacia alguien, de hecho, tres dedos nos señalan a nosotros. Es fácil comprobarlo. Este pequeño gesto es un indicador de que cuando empezamos a pensar que lo que sucede “allá fuera” es responsable de mi experiencia, necesitamos recordarnos que somos los creadores de nuestros propios pensamientos y respuestas. Somos responsables de lo que está sucediendo en nuestro mundo interno. Somos responsables de nuestro propio estado de paz, bienestar, felicidad y amor. Nada ni nadie son responsables de estos aspectos.

En buenos tiempos, la responsabilidad puede ser algo agradable, pero también tenemos que aceptar la responsabilidad cuando atravesamos tiempos más complicados o difíciles. El arte del pensamiento nos hace comprender que cuando no asumimos la responsabilidad de lo que sucede en nuestro interior, permitimos que las cosas externas nos influencien. Y es cuando permitimos que las situaciones externas y las personas nos afecten cuando perdemos el control sobre la calidad de nuestra propia experiencia.

En los tiempos presentes, muchas de las cosas que suceden en el mundo carecen de verdad y de belleza. Así que, por supuesto, si simplemente nos abrimos a reaccionar ante todo lo que sucede a nuestro alrededor, lo que nos va a suceder internamente no va a ser ni muy confortable ni hermoso.

Comprendiendo nuestra responsabilidad, se nos plantea el reto de tomar una decisión: o bien aceptamos toda esa negatividad o, en lugar de ello, respondemos creativamente con pensamientos positivos y respuestas de nuestro propio mundo interno.

El camino del silencio


La experiencia del silencio nos ayuda a reconectar con nuestra esencia más profunda, la que no se ve afectada por las características imperfectas que hemos adquirido viviendo en un mundo imperfecto.

Redescubrimos que nuestro ser está lleno de cualidades divinas, y percibimos todo su potencial de plenitud y bienestar. En ese estado experimentamos una ausencia total de conflictos y de negatividad estabilizándonos en un punto de profunda quietud. Es importante que nos tomemos un tiempo para llegar a ese espacio interno de silencio. Esa experiencia nos proporcionará un beneficio incalculable.

Ante todo, nos permitirá controlar mejor los pensamientos. Descubriremos, por ejemplo, que no hay necesidad de pensar tanto como a menudo hacemos, que desde el silencio vamos a obtener respuestas más claras y precisas para todo lo que necesitamos.

En segundo lugar, la experiencia del silencio nos libera de las amarras de nuestra programación y condicionamiento negativos. Experimentaremos más fácilmente la verdad de nuestra paz y dignidad internas, lo cual nos ayudará a su vez a mantener la mente enfocada.

En tercer lugar, el poder del silencio puede compartirse. A medida que aumentamos la experiencia del silencio, nuestra fortaleza puede ayudar a quienes no la tienen para que continúen en sus esfuerzos por desarrollar el ser y experimentar la paz. Nuestras reservas de silencio, sumadas a los pensamientos verdaderos y poderosos, ayudarán a los demás a liberarse de lo limitado para alcanzar lo ilimitado y lo divino.

Es muy beneficioso dejar atrás los pensamientos de temas mundanos y prácticos y las palabras y permanecer por un tiempo en silencio. Es enormemente refrescante y nutritivo, y crea hábito. El amor por la introversión espiritual, la soledad y el silencio complementa nuestra vida de una manera hermosa.