viernes, 12 de junio de 2020

Oscuridad y luz

Muchas normas fueron impuestas para intentar regular el comportamiento humano. Pero parece que, a pesar de ellas, la luz o fuerza espiritual de los seres humanos disminuyó.
Así como la oscuridad no es más que la ausencia de luz, la negatividad del alma se manifiesta en los diversos vicios a medida que su luz disminuye.
La luz siempre tiene una fuente, pero la oscuridad no. De igual modo, no hay fuente que irradie negatividad humana, ya que no forma parte de la verdadera naturaleza del ser, tan solo sugiere una falta de luz espiritual. A medida que ese poder se debilita, aparecen los síntomas de negatividad: ira, codicia, arrogancia, apego, lujuria, pereza...
Estos  registros o hábitos negativos son la materia prima de cualquier sufrimiento emocional. Lo que los genera está en la conciencia de que el alma o ser es el cuerpo. Lo que lo sustenta es la ilusión.
Sus frutos son el sentimiento de posesión, los celos, el odio, el miedo, la preocupación, la avaricia, la indolencia, la irritación, la impaciencia, el orgullo, la ambición...
Si miro superficialmente al jardín interno que soy, tal vez no parezca más que un monte lleno de malas hierbas. Aun así, aquí y allá, puedo encontrar flores de diferentes especies, talentos, habilidades y virtudes. Para hacerlas crecer y arrancar por completo las malas hierbas será necesario tener el profundo deseo de limpiar mi estado interno y, así, podré comenzar a transformarlo.
Extracto del libro:
Un viaje por la conciencia humana
LA ÚLTIMA FRONTERA
Ken O’Donnell

Equilibrio

La espiritualidad no se alcanza aprendiendo técnicas, repitiendo cánticos o ejecutando rituales.
Crecer espiritualmente significa aprender a conservar el equilibrio.
El equilibrio nos permite ser sensatos, mantener el contacto con la realidad y aprender a evitar los extremos, que dividen y separan. Al haber equilibrio hay reconciliación, incluso con lo que parece ser opuesto.
Quien tiene conciencia de la espiritualidad comprende que los innumerables hilos que recorren todo   este   universo   son   necesarios,   pues   son   ellos   los   que,   entretejidos,   conforman   el maravilloso tapiz de la existencia. El equilibrio mantiene los diversos hilos en paz y armonía.
La medida de la sabiduría práctica de una persona es su capacidad para conservar el equilibrio.
El equilibrio es armonía y orden, es paz. El equilibrio entre las cualidades y virtudes hace que la vida sea pacífica y feliz.
El equilibrio se logra cuando podemos discernir. El discernimiento nace de la sabiduría y de las experiencias personales, y cuando es apropiado nos brinda el entendimiento correcto en el momento adecuado.
Extracto del libro:

Descubrir la ESPIRITUALIDAD
Brahma Kumaris

Desarrolla el poder que hay en ti: sé Shakti

La   palabra   shakti   deriva   del   sánscrito   y   tiene   tres   significados   diferentes,   aunque interconectados:  poder, energía creadora de Dios y feminidad divina.
El proceso de volverse Shakti es a la vez simple y complejo, y es un proceso. Lo más sencillo es saber que se trata de  mero cambio de identidad. Lo difícil es mantener ese cambio de modo constante durante un período extenso.
Es SIMPLE porque soy alma, espíritu, luz, energía. Soy el poder que genera mi vida. Soy lo sutil, la causa, el objetivo, la creación. Soy amor, paz, verdad, belleza, divinidad.
Soy aquello que busco.
Vivo   dentro   de   este   cuerpo   material   y   perecedero,   pero   con   la   fuente   de   la   conciencia infundiéndole energía al cerebro y al cuerpo desde el palco del tercer ojo.
Es COMPLEJO porque seguimos enmarañadas en las limitaciones; porque nos identificamos con lo físico y aceptamos resignadas un sistema de dominación, de juegos de poder y de luchas entre   géneros,  jerarquías,   culturas,   religiones,   clanes,   grupos...   Sin   embargo,   una   vez   que reconocemos   y   comprendemos   esto,   cada   una   de   nosotras   puede   optar   en   conciencia   y reafirmar esa opción para obtener poder desde otra fuente.
El proceso de ser una Shakti pasa por tres etapas:

- El arte y la disciplina para recordar que yo soy aquello que busco. Yo soy un alma...
todo lo que es sutil... belleza, amor y poder.
- La activa y plena relación participativa con lo divino, con Dios, la fuente que abastece
del poder.
- Ser receptiva a una guía orientadora, confiando en que soy instrumento para una
transformación que me permitirá hacer algo por el mundo.

Tengo el poder de ser quien soy, la que transforma.
Extracto del libro:
LAS CUATRO CARAS DE LA MUJER
Caroline Ward

Paz - estado natural del ser



Sería difícil encontrar a alguien que rechazara la oportunidad de vivir en paz y armonía. Las mejoras y cambios que llevo a cabo en mi vida parecen estar motivados solo por una búsqueda de equilibrio y plenitud. Me ocupo de obtener posesiones, de establecer relaciones y de desarrollar actividades profesionales y sociales, pero en el fondo de todo, lo que de verdad quiero es mi porción de derecho a la paz y a la felicidad. Incluso el comportamiento más extraño y condenable puede tener su raíz en esa búsqueda.
Muchos de mis actos, tanto los buenos como los malos, ocultan la necesidad imperiosa de “paz mental”.
Cuando algo me incomoda, la reacción inmediata es llevar a cabo los ajustes necesarios para acercarme a un estado de calma. La vida sigue, marcada por situaciones a veces demasiado duras y otras excesivamente amenas. Lo curioso es que las tensiones internas aparecen tan sólo porque una parte de mí quiere paz y otra no me permite obtenerla.
En lugar de desarrollar esa tendencia innata o atracción hacia mi estado interno natural, parece que agoto mis provisiones de paz y poder combatiendo. No tengo confianza para apoyarme en recursos internos, así que acabo buscando apoyos externos, los cuales, inevitablemente, roban cualquier paz o estabilidad que pudiera haber con anterioridad.
Existe un potencial para el bien en nuestro interior que debe descubrirse y salir fuera.
Extracto del libro:
Un viaje por la conciencia humana
LA ÚLTIMA FRONTERA
Ken O’Donnell

viernes, 5 de junio de 2020

Los siete pasos para adentrarse en el silencio


Primer paso: Escuchar
Significa ajustar el yo de manera que entienda qué es lo que realmente se me está diciendo. Esto requiere que cree una quietud en mi interior, alejando lo máximo posible los condicionamientos de mi personalidad, de mí mismo y de mi forma de pensar, de modo que no interprete el nuevo conocimiento según viejos patrones.
Escuchar es crear ese espacio respetuoso entre los demás y yo, espacio que facilita una comprensión real, la creación de un vínculo de empatía: una calma atenta y una obertura que enfoca la mente para que la realidad pueda ser captada.
Escuchar es el primer paso para comunicar y armonizar con todo el mundo. Escucharme a mí mismo, a Dios, a los demás y a la naturaleza permite que el yo armonice y disfrute de un sentimiento de equilibrio.
Segundo paso: Reflexión
La reflexión es un ejercicio de la mente y el intelecto que profundiza en la comprensión de una idea con la intención de llevarla a la práctica en la vida diaria.
Toda acción de calidad, toda nueva percepción o visión, requiere un espacio para la reflexión en silencio como paso preliminar. La reflexión es el trampolín para zambullirse en la piscina de la acción de calidad.
Reflexionar sobre quién soy y dónde voy, tomando el tiempo necesario para entender, nos lleva a la esencia de todo.
Tercer paso: Concentración
Llevar nuestros pensamientos hacia la esencia se llama concentración. Tal concentración es natural y no forzada porque venimos del proceso de reflexión.
Cuando la mente llega a ese punto de concentración en el que la energía mental se conserva, entonces recibimos poder. Se abre una fuente interna de energía, la cual fluye a través de nosotros y nos hace subir a otro nivel de conciencia.
La concentración natural es cuando la mente puede sostener un pensamiento durante largo tiempo, cuando los pensamientos están bajo nuestro control. Esta concentración puesta en un solo pensamiento, poco a poco, acumula fuerza en la mente y en el yo. Una mente fuerte es una mente pacífica, estable, contenta.
Cuarto paso: Conexión
Dominado el arte de la concentración, podemos experimentar la conexión. Con nuestro poder del pensamiento conectamos con nuestros sentimientos originales y estamos en paz. Nos conectamos a nuestro enchufe y sentimos pasar la corriente, y entonces experimentamos el quinto paso de silencio.
Quinto paso: Absorción
El yo es absorbido en la paz espiritual.
El alma humana se conecta a la ilimitada reserva de energía pura del Universo, a menudo llamada Dios. Este Ser es nuestra Reserva durante toda la eternidad, y existe más allá del tiempo y la materia. Dios existe más allá de la contaminación y la putrefacción que afecta a todas las almas humanas. Cuando necesitamos limpiar nuestro sistema, recargarnos de energía o de fuerza, tenemos que acceder a esta Reserva, y solo podemos hacerlo a través de nuestros pensamientos.
Si el pensamiento es lo bastante concentrado, la mente es capaz de trascender lo ordinario, absorber las cualidades de este Ser y aprender el significado de la excelencia interna y de la liberación.
Sexto paso: Llenarse
Cuando el yo absorbe la energía de paz, o toda la energía positiva que necesita, se llena a sí mismo completamente con esta cualidad. Si la concentración sigue intacta, la absorción y recarga ocurre de forma bastante natural y automática.
Séptimo paso: Donación
Donar es el paso final del silencio. Tenemos el yo lleno con una cualidad particular que empieza a fluir fuera de nosotros. Permitimos a esa cualidad que toque la atmósfera de nuestro alrededor y conscientemente done esa vibración al mundo, permitiendo sentirlo y absorberlo a aquellos que lo necesiten.
Este es el último paso de la verdadera meditación, en el que permaneces como un faro, quieto y estable en una posición que emite luz a su alrededor.
Uno de los aspectos más importantes en este paso del silencio es el vínculo que establecemos con la Energía Suprema. Absorbemos de esta Fuente, llenamos nuestro yo y damos todo lo que la Fuente nos ha dado. A esto se le llama conciencia angelical.
Se dice que un ángel es una alma humana que se ha enamorado tan profundamente de esa Fuente de luz que ésta lo ha transformado completamente. Está totalmente lleno de luz y paz y su función es solo servir, compartir paz y amor divinos.
Extracto del libro:
PENSAMIENTO ORIENTAL
para la mente de occidente
Anthony Strano

La paz interior


Hay algo que puedes hacer para ayudar a crear paz en el mundo: ser pacífico. El primer paso es zambullirte en el alma para descubrir qué es lo que te intranquiliza. Al enfocar tu mente hacia el interior, descubrirás, por debajo de las muchas emociones de la vida cotidiana, que sale a la superficie un remanso profundo e imperturbable de bienestar espiritual. Necesitas explorar esa parte del ser; no basta con que la comprendas, sino que debes experimentarla una y otra vez. Es una experiencia muy satisfactoria que refresca el alma y la llena de paz. Desde esta posición privilegiada resulta fácil reconocer los pensamientos u sentimientos autodestructivos. El poder de la realización personal transformará como por ensalmo esos hábitos mentales destructivos. Dejarás de culpar a los demás por tu intranquilidad, y progresarás en tu tarea de cultivar tu verdad.

La paz está compuesta de muchas cosas: amor, paciencia, sabiduría. No debes contentarte con un poquito de ella, sino llénate completamente. A medida que te esfuerces por llevar paz a tus relaciones con los demás, tu misma naturaleza se hará pacífica. Esto será beneficioso no sólo para ti mismo, sino también para todos los que te rodean. Y de este modo ayudas a transformar el mundo. No basta con que seas pacífico: debes irradiar paz y crear una atmósfera apacible mediante tus pensamientos y palabras en las relaciones con los demás.

El nuestro es un mundo sin paz. Sólo cuando realmente hagas tuya tu religión de paz, puedes confiar en traer paz al mundo.

Extracto del libro:
COMPAÑERA DE DIOS
Dadi Janki

La personalidad de un ángel


La personalidad de un ángel es como una flor. Es lo que es, y eso es adorable. No hay nada que se le desee adicionar, y al aproximarte eres refrescado y alentado.

La personalidad de un ángel es una dádiva. Está siempre presente, aunque tenga poco que ver con la escena que le rodea. Es más como un contraste en el cual tus ojos pueden descansar. Y es también, a veces, un lugar de reconciliación, pues cuando está presente, los sentimientos conflictivos se encentran y se armonizan.

La personalidad de un ángel es una visión que todos amarán, pues es natural como la suavidad de las colinas. No posee inhibición ni se impone. Es como un niño, pues en sus acciones no existe ningún motivo oculto. La mente ya está absorta en otro lugar y, así, aquello que es hecho y es visible, sencillamente es lo que existe.

Actuar en la compañía de un ángel es actuar con alguien para el cual todo es nuevo y fácil. Existe   realización   sin   lucha   alguna   y   aun   las   menores   cosas   son   placenteras,   como frecuentemente sucede con aquello que se hace por primera vez.

La personalidad de un ángel es muy profunda. Aunque no esté involucrado con nadie y se dirija solamente a Dios, él conoce profundamente el espectáculo del mundo: las formas y colores de los movimientos de las personas. Pasa sigilosamente entre ellos, consciente de las trampas. No es un guerrero, pues en un guerrero todavía hay algo de estupidez que lo hace arriesgarse.

La   personalidad   de   un   ángel   es   multifacética.   Es   expresiva   en   muchos   lugares simultáneamente, en niveles deferentes, de formas diferentes, pero cada una de las fases se complementa con precisión en la otra. Donde la personalidad humana es dividida en mil prioridades, un ángel se mueve de una hacia otra, bailando entre ellas, el secreto de esto es que un ángel conquistó el tiempo. Para él, un minuto puede contener mil años, pues él mide las cosas por amor. Y el peso que los pequeños hechos traen consigo lo tornan ligero.


Extracto del libro:
ÁNGELES
Anthea Church