viernes, 12 de junio de 2020

El oxígeno del alma

En la dimensión física, el cuerpo toma aire para adquirir el oxígeno vital esencial que necesita nuestro cuerpo. Cuando inspiramos aire, no eres tú el que respira, es tu cuerpo. En la dimensión espiritual, que eres tú, el ser consciente, el amor es una irradiación del exterior de la energía… ¡que proviene de ti! Del mismo modo que aspirar oxígeno es esencial para la salud corporal, la irradiación de amor es esencial para el bienestar del alma. Cuando haces algo con amor, estás sobre todo dando la energía de tu ser. Si entregas tu yo pero sigues queriendo algo a cambio, tu energía se desvía y se queda bloqueada por la idea/imagen que tienes en tu mente de lo que quieres. En esos momentos no eres un ser de bienestar porque en todo deseo está implícito el miedo. Querer es la conversión de amor a miedo.
El amor es el oxígeno del alma, pero el oxígeno espiritual del amor debe ser irradiado y liberado, no adquirido ni consumido, para recuperar y mantener el bienestar. Esto significa que la diferencia entre cuerpo y alma puede resumirse en dos dinámicas. El cuerpo está diseñado para “absorber” nutrientes y oxígeno con el fin de mantener la salud. El alma está diseñada para “dar” la energía/vibración de la luz y el amor, que son los nutrientes espirituales que mantienen su bienestar. La naturaleza del cuerpo es consumir, mientras que la del alma es irradiar.
La opresión de los conductos respiratorios del cuerpo parece estar “desencadenada” (pero no provocada) por muchas cosas, entre ellas la comida, otras personas, las situaciones estresantes, el entorno e incluso el clima. Sin embargo, la opresión de la energía que irradia el alma está provocada por una sola cosa: el apego.
Extracto del libro:
EL SISTEMA INMUNITARIO DEL ALMA
Cómo liberar tu ser de todo tipo de enfermedades
Mike George

Los ocho poderes (II)

El poder de Discernir. Para de verdad distinguir qué es cierto y qué no, y comprender qué es lo que de verdad sucede, debo dar un paso atrás. Tomar distancia de mis opiniones y de mi contexto me permite percibir con mayor claridad. Curiosamente, este paso atrás funciona como una lupa, al combinar desapego y enfoque veo la escena completa, y también todas sus partes… y puedo comprender la verdad del momento. Me siento clara y segura.
El poder de Decidir. Opción. Compromiso. Cuando conozco el camino correcto, es como si no tuviese opción. Debo tomarlo. Debo confiar en mí misma, en lo que sé; debo respaldarme. Hay veces en que no tengo idea de adónde me llevará mi decisión, pero, tal como la brújula apunta siempre al Norte, también yo debo seguir mi cauce verdadero con determinación, convicción…y humildad. Al tomar este camino acumulo más sabiduría, y cambio.
El poder de Afrontar. Entiendo que en mi camino afrontaré desafíos, desafíos que están ahí para poner a prueba mi convicción. Pero no son los desafíos externos los que me dejarían fuera de juego. Aquellos que de verdad me harían tambalear son mis propias debilidades. Son esas las peligrosas, las que me quitarían el sueño. Nublarían mi sentido del ser y dañarían el alma. Ante ellos invoco el fuego de la valentía, y los transformo en llamas de la verdad. En ese fuego, la oscuridad se vuelve luz y el hierro se vuelve oro.
El poder de Cooperar. No puedo hacerlo todo sola. Nadie puede. Pero cuando estoy clara y bondadosa y actúo con valentía, de algún modo la vida funciona. Surgen oportunidades. Se producen sincronías. Y todo lo que debo hacer es… mi parte. Del mismo modo admirable como las abejas trabajan juntas en la Naturaleza –cada una cumpliendo su parte, con sus habilidades y talentos particulares-, también yo soy capaz de apoyar a otros y que otros me apoyen. En ese dar y recibir se desenvuelve la vida y yo satisfago mi destino.
Extracto del libro:
LAS CUATRO CARAS DE LA MUJER
Caroline Ward

Los ocho poderes (I)

El poder de Retraerse. Hay momentos en la vida en los que necesito retirar mi energía de una determinada situación. A veces puedo dar mentalmente un paso atrás, ubicarme en el balcón a observar al resto o incluso a mí misma. Y hay veces en que necesito salir e irme por completo del lugar. Pienso cómo será para un astronauta, alguien que ve el planeta Tierra por primera vez desde el espacio, desde el lugar más retirado posible. Su perspectiva seguro será muy diferente.

El poder de Soltar. Siento el pasado como si fueran cadenas que me atan fuertemente a cosas irrelevantes que ya no funcionan ni me ayudan. Si es cierto que la mayoría de mis pensamientos son de algún modo sobre el pasado, y si es cierto que mis pensamientos crean mi futuro, entonces, a menos que detenga esa dinámica mental desgastadora estoy condenada a volver a generar lo pasado. Por eso, voy a hacer algo: dejar que estos pensamientos se eleven hasta perderse, y mientras más se alejen, más liviana me sentiré y más quieta se volverá mi mente.

El poder de Tolerar. Nada en el mundo es perfecto. Hay veces en que las cosas no son para nada como me gustaría, y hay veces en que termino siguiendo la huella de la energía negativa de otra persona. Pero si quiero mantenerme fuerte y feliz no me puedo permitir reaccionar ante todo, o tomarme todo de manera personal. Un árbol le da sombra y descanso incluso a quien lo tala. Así, también yo debo estar por encima de los insultos. Cuando una tempestad ataca el árbol, este no se defiende, no se toma la tempestad como algo personal. Se sacude y balancea... hasta que la tempestad se acaba.

El poder de Aceptar. Cuanto dolor se produce por la porfía de mi ego en no aceptar “lo que es” e insistir en aferrarme a lo que “debe ser”. Sin embargo, enfrentar la realidad tiene un sentido: Aceptar “lo que es”... y luego escuchar qué sigue. Soltar el control. Aprender a confiar, y mientras fluyo sin esfuerzo por entre las curvas de este recorrido, la vida se hace tan fácil como la de un río que avanza hacia el océano.
Extracto del libro:
LAS CUATRO CARAS DE LA MUJER
Caroline Ward

El arte de escuchar y captar

Cuando el intelecto está concentrado con tanta sensibilidad que puede reconocer la realidad detrás de las apariencias, a veces, se dice que es intuición. Ser intuitivo a menudo significa que el tercer ojo es capaz de sintonizar con las vibraciones ocultas y silenciosas de otras personas y situaciones. Las vibraciones son energías que todas las cosas están transmitiendo constantemente, especialmente las cosas vivas y las personas. Una persona puede no decir nada, o puede incluso decir lo contrario de lo que él o ella siente, pero somos capaces de entender esta contradicción o bien a través de las expresiones faciales, o bien por el lenguaje corporal, o bien captando los pensamientos.
El médico usa el estetoscopio para "escuchar" el cuerpo del paciente y para examinar   y entender el pulso y el ritmo del cuerpo con el fin de determinar la salud de la persona; ¡eso es como una tercera oreja!
Si el intelecto desea entender el pulso de otra persona, para realmente colaborar y ayudar de forma adecuada, hay que tener la capacidad de un tercer oído, lo cual significa desarrollar el arte de escuchar y captar realmente las necesidades de la situación y la persona. Cuando el intelecto se usa como un estetoscopio, necesita ser muy introspectivo, muy concentrado y muy abierto. De esta manera, el intelecto se usa como un tercer ojo y un tercer oído; ver y escuchar se convierten en la misma cosa y esta percepción conlleva asistencia creativa y constructiva a muchas enfermedades que ahora asolan el espíritu humano.
Extracto del libro:
Visión del Raja Yoga
PENSAMIENTO ORIENTAL para la mente de occidente
Anthony Strano

Conciencia del ser

La conciencia del alma es un hermoso estado en el que todo tu sentido del ser se desplaza de la identidad física a la espiritual. En la conciencia del alma ya no te sientes hombre o mujer, blanco o negro. Ningún logro mundano conforma tu autoestima. En lugar de ello, la autoestima se moldea por una experiencia profunda y permanente de tu valor intrínseco
como hijo de Dios.
Una falta de conciencia del alma te pone a merced de tu entorno. Te vuelves esclavo de la influencia de las personas y situaciones que te rodean, y solo te sientes bien cuando los sucesos externos ¡o garantizan. Esta clase de dependencia deja al alma débil y confusa. La conciencia del alma, en cambio, te libera de las influencias externas y te permite crear un
bienestar interno que es totalmente independiente.
La conciencia del alma se cultiva a través de la practica deliberada, y solo aquellos que han comprendido la necesidad de este autorrespeto interno y verdadero harán el esfuerzo.
Surgirán dificultades para probar tu resolución de autoelevación - enfermedades físicas, relaciones, recuerdos del pasado, etc. -  Sin embargo, con paciencia e introspección llegarás a ver cómo estas mismas pruebas son el medio para fortalecer tu identidad espiritual.
Extracto del libro:
Palabras y sabiduría de una de las grandes líderes espirituales del mundo
COMPAÑERA DE DIOS
Dadi Janki

La dignidad

Puede ser que no consigas cambiar las cosas, pero siempre puedes mantener una actitud digna ante ellas. La dignidad significa sentarte en el trono del respeto hacia ti mismo y así mantener muchas otras cualidades.

La dignidad es un rey digno que administra su integridad, realeza y buenas maneras. Es una postura que genera respeto en los demás y también les anima a ser dignos. Cuando las cosas empiezan a salirse de vereda, es la dignidad la que las vuelve a poner en su lugar. El respeto por la propia vida: no solo por la tuya, sino también por la de los demás y por la naturaleza.

La dignidad abarca también la realeza y la gentileza. Es el poder de ver lo que está sucediendo pero no interferir en ello, de escuchar y absorber solamente lo necesario. Una persona digna siempre piensa que, por más defectos que tengan los demás, siempre actúan de buena fe.

Aunque los hechos vayan en contra de la buena fe, es la posición digna la que mantiene una visión positiva, que sortea las dificultades.
Extracto del libro:

Ejercicios de paz para enfrentar las crisis

LA PAZ COMIENZA CONTIGO
Ken O’Donnell

Olas y acéanos

Amor es simplemente una palabra que utilizamos para describir la vibración más elevada de la energía del yo. No quiere decir esto que no recibamos y sintamos amor de los demás. Pero es la diferencia que hay entre la ola y el océano. Recibiremos olas de energía amorosa de los demás. Pero después pasan, como debe ser, como ocurre con las olas. La ola no es nada en comparación con un océano, con una fuente ilimitada.
Hay una fuente ilimitada de amor dentro de nuestros corazones. No en el corazón de nuestro cuerpo, en el corazón del alma. Tú eres tu corazón, tú eres el alma. Puede parecer que las palabras son diferentes pero, todas ellas, es decir, alma, corazón, yo, conciencia, apuntan al mismo “yo” que dice “yo soy”.
Esta fuente ilimitada puede compararse con un océano. Las olas vienen y van, pero el océano de este potencial amoroso está siempre a solo un segundo y muy cerca de tu “yo”. Estás en él.
Pero solo puedes ser consciente de ser “él”, solo puedes ser consciente de ser una fuente de amor, cuando se acaba el “querer” olas de amor de los demás.
La clave para utilizar nuestra fuente interior, nuestro océano, es la intención. Solamente la intención exacta que hay tras nuestras palabras y acciones nos permite recurrir a nuestro propio océano interior. Cuando lo hacemos, cuando damos sin condiciones, puede que nos sintamos “oceánicos”, que es el sentimiento de tener un suministro de energía ilimitado para dar. Sentir esta fuente ilimitada como fluye desde nuestro interior nos aporta una felicidad que a veces llamamos dicha.
Extracto del libro: 

EL SISTEMA INMUNITARIO DEL ALMA 

Cómo liberar tu ser de todo tipo de enfermedades
Mike George