sábado, 10 de abril de 2021

Frente a las dificultades, respuestas espirituales


 Vivimos en una época en donde existen la injusticia, la pobreza, la riqueza y la corrupción; es decir, toda una serie de apoteosis. Aunque esto no es fácil de aceptar, no es porque lloremos todo el día que las dificultades van a desaparecer, ni porque neguemos la realidad que las cosas van a dejar de suceder.

Frente a las dificultades de la vida, tenemos que encontrar en nosotros mismos respuestas espirituales. El conocimiento espiritual nos permite ver que si el mundo está mal, no es porque Dios lo quiso, sino porque el ser humano crea los espejismos de felicidad por los que luego pelea: el dinero, la fama, la posición, las posesiones, etc. Todos estos espejismos se crean porque las personas han perdido su capacidad de ser felices.

Si hay malestar existencial es porque uno desperdicia la propia energía o la utiliza mal. Por ello es tan importante usar el conocimiento, la sabiduría y la capacidad de elección: ¿qué quiero y debo hacer?

Manejar la crisis implica volver a mirar hacia adentro y preguntarse: ¿qué es lo que yo no acepto, qué es lo que yo no entiendo y qué es lo que yo no hago para resolver las crisis?

No se puede dar lo que no se tiene, y lo que el mundo necesita es paz, amor, verdad, poder y actos con conciencia. No hacer nada malo es insuficiente: hay que hacer cosas buenas en la vida, ya que seremos juzgados por nuestros actos.

En cuanto a los pensamientos, lo más importante es no reprimir todo lo negativo, sino más bien crear pensamientos beneficiosos y positivos, ya que la mente no se detiene. En pocas palabras, a la mente hay que darle semillas positivas para que haga crecer flores hermosas.

Extracto del libro:
Meditar para ser feliz.
El arte de manejar las emociones
Ed. Brahma Kumaris
Valerianne Bernard y Marianne Lizana

En realidad, nunca eres "no libre"


 La dicha solo es posible cuando eres completamente libre; y la libertad solo es posible cuando no hay apego a ninguna cosa, ninguna persona, ninguna idea, ningún recuerdo. La liviandad de la dicha solo es posible cuando estás libre de todas las cosas que te empujan hacia abajo. Y, eso significa no apegarte, no aferrarte, no retener ni proteger nada en absoluto. También significa ponerle fin al deseo, que oculta en sí el objeto de apego.

El desapego permite que emerja dentro de nosotros la audacia que se encuentra en el corazón de la dicha. Es una audacia que desafía la lógica de nuestras creencias y suposiciones en un mundo que nos enseñan a creer que está lleno de peligros.

Probablemente por eso a tan pocos de nosotros se nos oye cantando con un deleite constante en nuestro camino por la vida, porque somos muy pocos los que estamos verdaderamente libres, verdaderamente desapegados y verdaderamente faltos de dependencia o necesidad, ¡viviendo verdaderamente en la dicha de un vuelo libre!

El ego nos asegura la prisión y aun cuando nuestra prisión sea irreal, una construcción temporal en la conciencia, dedicamos gran parte de nuestra vida a construirla y defenderla. De ahí que la mayoría de las personas se pasen toda su vida en ausencia de la felicidad como dicha.

Ser verdaderamente libre solo es posible cuando te das cuenta de que te has pasado toda tu vida en una libertad ilusoria o superficial, que realmente es una celda disfrazada. Los barrotes de la celda abarcan el deseo, la crítica, la resistencia y tus adicciones emocionales, cada una con sus raíces en el apego a una imagen que confundes con tu “yo”.

Solo cuando puedas ver a través del apego esa imagen y devolverla, podrá regresar la dicha de la libertad real. En verdad, nunca eres “no libre”. La prisión y sus barrotes son simplemente ilusiones que confundes con la realidad.

Una vez que ves cuándo y cómo estás haciendo esto, te reirás y tu risa será el signo de que has comprendido la ilusión, que has corregido tu error y que tu espíritu, que eres tú, podrá elevarse nuevamente.

Extracto del libro:
Los 7 Mitos del... verdadero AMOR!
Un viaje desde la mente hasta el corazón del alma
Ed. KIER
Mike George

lunes, 22 de marzo de 2021

Relaciones armoniosas


 De alguna manera, cada uno de nosotros tiene un concepto personal de lo que es correcto y lo que no; qué comportamientos y actitudes son aceptables y cuáles no se pueden tolerar. Estas creencias se han desarrollado a lo largo de mucho tiempo en nuestras vidas, alimentadas por la educación, la familia, la sociedad, las opiniones de los demás, etc.

Cuando el comportamiento ajeno no encaja con nuestro modelo de lo que es correcto, empiezan las fricciones en nuestra caja personal de normas. Y, por supuesto, la calma se desvanece, ya que reaccionamos internamente, llegando a sentir rechazo.
La reacción todavía es más fuerte cuando el comportamiento de los demás afecta directamente a la imagen que tenemos de nosotros mismos. Entonces adoptamos actitudes defensivas o de contraataque, ya que estamos profundamente apegados a cierta imagen de nosotros mismos, que es la base de nuestra autoestima y autovaloración.

Tener creencias, en principio, no debería ser un problema, todos desarrollamos creencias acerca de la vida de una manera natural y, en la mayoría de los casos, inconsciente. La complicación se produce cuando nos apegamos a nuestras creencias, ya que entonces nuestros planteamientos se vuelven rígidos e inflexibles y, por ello, nos cuesta mucho aceptar la diversidad de personalidades, actitudes y comportamientos.

Y, por supuesto, en un estado mental reactivo y lleno de resistencias hacia los demás, ¿cómo podemos siquiera soñar en preservar la calma y el bienestar interior? Para asumir de verdad la calma interior en nuestras vidas, necesitamos fortalecer una actitud de aceptación incondicional de los demás, una actitud abierta que les permita sentirse a gusto con nosotros.
Sin embargo, ¿qué secreto hay detrás de la aceptación de los demás y de sus singularidades? Primero necesito aceptarme a mí mismo desde el corazón y en profundidad, tal y como soy, con mis puntos fuertes y mis debilidades, con mis virtudes y mis defectos, con mis aspectos brillantes y mis limitaciones. Aceptarnos a nosotros mismos y convivir en armonía con quiénes somos y lo que somos.

Este es un paso fundamental que se vuelve más fácil cuando nos abrimos a la experiencia de nuestra verdadera esencia, algo que solo podemos experimentar cuando sabemos detenernos, salir del ruido de los pensamientos superficiales y entrar en conexión con nuestras cualidades internas. Entonces la calma puede florecer de forma natural en medio de las relaciones.

Extracto del libro:
Arquitectura de la calma.
Una guía práctica para encontrar la serenidad y el equilibrio interior
Ed. LUCIÉRNAGA
Vicenç Ajujas y Guillermo Simó

Dos realidades paralelas


En esencia, hay dos realidades en la vida. La primera, el mundo físico que nos rodea, siempre cambiante, y en el que se incluye la forma física que ocupamos. La segunda, el mundo de nuestro interior, de nuestra conciencia, el yo.

En la realidad del yo, aunque los pensamientos y sentimientos cambian, hay un espacio interior que no cambia nunca, el núcleo silencioso e inmóvil del ser, el «yo» que dice «yo soy». Eso significa que todo en la vida gira en torno al centro inmutable, inamovible y siempre inmóvil que es el yo, ¡tú!

Entre estas dos realidades, la de «ser» (centrado) y la de «hacer» (acción fuera del centro, en el mundo), encontramos la mente, que está en tu conciencia, en «el yo». La mente es como una ventana y como una pantalla.

A través de la ventana de la mente atraes hacia ti el mundo exterior, por así decirlo, y proyectas hacia el gran y amplio mundo «de ahí fuera» las imágenes, ideas, conceptos, etc., que creas en ella, como en una pantalla.

Todos solemos cometer un error básico: «Confundimos» la realidad del mundo físico, que incorporamos a nuestra conciencia a través de la mente, por la realidad del yo. Aprendemos a creer que la única realidad está «afuera», en las acciones e interacciones de todos los dramas que ocurren a nuestro alrededor.

Por consiguiente, dejamos que el mundo «de ahí fuera» modele, defina y controle nuestro estado del ser «aquí dentro». De ahí el sentimiento frecuente de estar a merced de los acontecimientos cambiantes. Permitimos que la realidad física domine el yo.

La creencia más profunda que nos bloquea y nos hace creer erróneamente que «lo externo» es la realidad primordial es «Yo no soy otra cosa que una forma física». Cuando crees, ves y piensas en el yo como una forma física, todo lo que tiendes a percibir, «valorar» y querer son las cosas materiales/físicas que continuamente ves a tu alrededor.

A medida que vas reconociendo más lo que ocurre en tu mente, diferencias claramente entre las dos realidades. Empiezas a ver las «conexiones» entre lo interior y lo exterior, entre la conciencia y la forma, entre las decisiones que tomas con conciencia hoy y tu destino en el mundo mañana, entre tú y tu cuerpo.

Pero en el momento en que despiertas a la realidad principal del ser, te haces consciente del yo como la «conciencia» en sí misma, saboreas el estado calmado y tranquilo en tu interior y modificas tu percepción de la realidad, y empiezas a sanar las enfermedades del alma/espíritu/yo.

Extracto del libro:
El sistema inmunitario del alma.
Cómo liberar tu ser de todo tipo de enfermedades
Ed. GAVISUS

Mike George 

Identifica al enemigo invisible


Un enemigo se puede describir como aquel que evita o bloquea tu experiencia de paz sólida y felicidad verdadera. Un meditador (aspirante) serio, descubre muy pronto que el verdadero enemigo no está afuera, sino adentro. El ego y su resistencia a volver a la auto-imagen de conciencia de alma, son los verdaderos enemigos.

Ego es un estado de identidad basado en algo físico y temporal (una auto-imagen basada en la forma corporal, en la posición, en el estatus económico y social, etc.) Generalmente en la conciencia mundana, la mente lleva consigo muchas formas diferentes de ego, cada una con sus propias necesidades, deseos y expectativas. El ego da lugar a tendencias e inclinaciones inferiores (rabia, lujuria, codicia, apego, envidia, pereza, miedo, etc.), lo que nos priva de las más elevadas experiencias que tenemos en conciencia de alma.

Cuando comienzas a meditar y explorar nuevas ideas acerca de la auto-transformación y elevación de la conciencia y la personalidad, estás retando a los diferentes egos y tendencias inferiores que tienes internamente. Y se resistirán. Esta resistencia es llamada Maya y puede adoptar la forma de posponer, discutir, justificar las debilidades, crear excusas, dudar, etc.

Pero Maya puede también disfrazarse, simulando amor, belleza, inteligencia y elevación. Las fuerzas de Maya tienen su propia inteligencia (astucia) y poder. Maya promete paz y felicidad, pero tarde o temprano lleva a dependencias, ansiedad, estrés, enfermedad, dolor y sufrimiento. La meta de Maya es evitar que hagas lo que es beneficioso para el “verdadero yo”.

Estas fuerzas sutiles tienen un resultado final: Reforzar la identidad corporal. Se requiere sabiduría, valentía y determinación para afrontar estas fuerzas de las inclinaciones inferiores. Necesitamos tolerar su resistencia y oposición, pero insistir en no rendirse. Si permanecemos con nuestras intenciones iniciales y no negociamos nuestra meta y principios, la resistencia muy pronto se debilitará y morirá. Y nuestras tendencias refinadas se fortalecerán.

Extracto del libro:
Vivenciar la Meditación.
Para alcanzar profunda sabiduría, alegría y paz.
Ed. Brahma Kumaris

Rona Schweitz 

Mente sana


En una situación de angustia emocional, frecuentemente tienes dos opciones: Afrontar el problema o no. Si procesas el problema significa que lo estás afrontando. Si lo reprimes, no lo haces. Hay una gran diferencia entre ambas actitudes.

Procesar es para la mente lo que la digestión es para el estómago. Si tu sistema digestivo no puede procesar ciertos alimentos, tienes que dejar de comerlos o de lo contrario enfermarás. De forma similar, si te encuentras en una situación con la que no puedes tratar, no te limites a guardártelo todo. Haz algo de inmediato. Mantener las cosas dentro no te permitirá tener una mente sana. No podrás digerir lo que guardas, y para los demás será obvio que tienes un problema.

Nuestra habilidad para manejar las situaciones se ve obstaculizada por pensar demasiado acerca de los demás, lo cual causa problemas en el sistema digestivo mental. El mejor “antiácido” mental es el estudio espiritual en profundidad. Esto, más una práctica regular de la conciencia del ser, penetra profundamente en la mente y quita las penas emocionales de raíz. Solo entonces será posible purificar y refinar las emociones y, finalmente, transformarlas.

Extracto del libro:
Compañera de Dios.
Ed. Brahma Kumaris

Dadi Janki 

Una comunión silenciosa


Mucho más allá de este mundo del tiempo, de la materia y de la acción, existe un universo de completo silencio y serenidad. Allí no hay sonido ni movimiento ni manecillas de reloj que dirijan la existencia.

No se le puede denominar “lugar” en la acepción normal del término, con la que pensamos en un espacio físico, y sin embargo es de esta dimensión de donde proviene el alma. Es nuestro hogar espiritual. Es el mundo de la eternidad, del silencio y de lo permanente, la dimensión silenciosa de luz.

En este mundo, que está más allá del tiempo y del espacio, reside permanentemente un punto de energía constante, un Ser puro, eternamente sin cuerpo, recordado por muchos como Dios. Este punto de energía pura, benevolente, omnisciente es el Padre espiritual de todas las almas. Este es el Uno al que se refieren casi todas las tradiciones espirituales y religiosas, a quien se recuerda como una luz radiante, una fuente de amor puro, incondicional.

Para redescubrir y recuperar el sentimiento de la consciencia de nuestra relación con Dios, en principio no es esencial la fe en Dios. Se necesita la apertura a la idea de que tal vez exista una fuente de energía espiritual mayor que nosotros. Tan solo si nuestras mentes están abiertas, podemos estar preparados para una comunicación directa y personal.

Una relación humana verdadera y saludable se construye, se sustenta y madura en el intercambio de una comunicación abierta, honesta e íntima. Nuestra relación con Dios no es diferente, solo que se da en silencio. Las vibraciones de nuestros pensamientos y sentimientos llegan y tocan la luz que es la Fuente y son luego reflejadas con amor y energía.

En última instancia, el encuentro es una comunión silenciosa, desprovista del ruido del pensamiento, y surge la consciencia de la presencia del Amado en nuestra vida. El sentimiento de relación se vuelve tan real como con un padre concreto o con un amigo. Está allí en un segundo, disponible en todo momento, no para tratar con lo mundano o para ayudar en una emergencia, sino para responderle a nuestro corazón abierto y honesto, y para que, a través nuestro, otras personas puedan ser tocadas con Su luz y amor y abran los ojos.

Extracto del libro:
A la luz de la meditación.
Una guía para meditar y alcanzar el desarrollo espiritual
Ed. KIER

Mike George