Aunque muchos reconocen que la
meditación es muy importante, pocos la practican. De entre los que lo
hacen, el número de personas que realmente consigue ser eficiente en la
práctica de la meditación todavía es menor. Sin embargo, aunque nunca
hayas meditado, verás que es algo bastante sencillo. Basta con pensar en
experimentar las cualidades originales del ser de paz, felicidad,
poder, amor, etc.
La mejor manera de describir la meditación
consiste en reproducir la secuencia de pensamientos más comunes que se
origina en los primeros intentos de levantar el vuelo espiritual:
1. Escoge un lugar tranquilo y aireado y, si es posible, pon música suave de fondo.
2. Adopta una postura ni muy rígida ni muy relajada, pues, a fin de cuentas, no es el cuerpo el que está meditando. Es el ser.
3.
Fija tu atención en el punto central de la cabeza donde se encuentra el
ser consciente en el cuerpo y desde donde lo pensamos y lo decidimos
todo.
4. Intenta permanecer en un estado de observador. Centrado
mentalmente en el punto entre las cejas, observa la sala a tu
alrededor, los sonidos de la música y de la calle. Toma conciencia del
momento presente y a la vez procura mantenerte ligeramente desapegado de
la escena en la que te encuentras. Así como puedes observar la sala y
los sonidos, puedes, con el mismo sentimiento agradable de desapego,
observar lo que sucede en tu vida.
5. Surgen con mucha
naturalidad pensamientos de ayer, hoy o planes del mañana. Empieza a
observar el propio proceso de los pensamientos. Pueden percibirse tres
fases en cada uno de los pensamientos: la creación, la experiencia y la
observación.
6. Deja que vengan sin ningún esfuerzo por tu parte
para impedirlo. De este modo, empezarás a sentirte diferente en tu
proceso de pensar, como si el verdadero yo fuera algo mucho mayor que
una simple secuencia de pensamientos, muchas veces sin nexo.
7.
Una vez estabilizado en la conciencia de observador desapegado, inicia
la creación consciente de pensamientos relacionados con tu verdad
intrínseca. Un ejemplo (hay que leer cada pensamiento y sentirlo
profundamente):
Soy una energía consciente... Puedo pensar, decidir...
Toda
mi energía ahora está concentrada en un punto entre las cejas... Soy
una energía diferente del cuerpo físico... Dirijo el cuerpo... Es mi
preciado vehículo pero yo soy el conductor...
Un día entré en
esta forma física y un día la dejaré... Soy el ser, el alma... No soy un
cuerpo con alma... Soy un alma y tengo un cuerpo... Ahora soy
consciente de esto...
¿Cómo es mi verdadera naturaleza? Cuando
me posiciono en esta postura de observador percibo mi tranquilidad...
Soy un ser de paz... Nada ni nadie pueden cambiar lo que soy en
esencia...
Como un pequeño faro, estoy encendido en el centro de la cabeza y empiezo a irradiar luz... la luz de mi paz...
8. Sin memorizar estos pensamientos, intenta hacer el ejercicio desde el principio hasta al final con los ojos cerrados.
Cuando
adquieras más seguridad en el proceso de meditación, intenta hacerla
con los ojos abiertos. La meditación con los ojos abiertos se convierte
en una experiencia sublime. Tanto es así que la puedes practicar
andando, detenido por el tráfico, en el trabajo o haciendo las tareas
domésticas. Crea simultáneamente una experiencia de relajación agradable
y de percepción clara.
Vuelve al ejercicio y profundiza más en
el sentido de cada frase pero esta vez emplea tus propias reflexiones,
que tengan que ver con tu vida.
¡Recuerda que la paz que estás sintiendo es TUYA!
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