Un cambio personal positivo se
inicia en nuestra conciencia. Responsabilizarse personalmente de los
pensamientos, palabras y acciones es tomar el control del volante y
poner el proceso de cambios en movimiento. De esta manera conduciremos
nuestros pensamientos hacia la dirección precisa y valiosa; frenaremos
las palabras hirientes antes de emitirlas; sabremos cuándo “hacernos a
un lado” para evitar “chocar” con otro; y mantendremos el motor en
funcionamiento de forma consistente para que la batería se mantenga
cargada mediante acciones puras, realizadas sin esperar nada a cambio.
Cuando prestamos atención a las motivaciones y a las intenciones, el
motor funciona sin problemas y recorremos un mayor kilometraje en
términos de progreso y resultados.
Es necesario hacer un examen
rutinario. Las diferencias entre las intenciones positivas y las
negativas son sutiles y a veces difíciles de detectar. La costumbre de
ver y hablar sobre los defectos de los demás, por ejemplo, a veces es
consciente y a veces no lo es.
De hecho, el hábito puede estar tan
arraigado que ni siquiera advirtamos que estamos teniendo pensamientos
inútiles sobre las debilidades de los demás. A menudo, tales
pensamientos son las semillas de los chismes. Estos tienen un efecto
directo o indirecto no sólo en la persona de la cual se habla, sino
también en los chismosos. Aunque esta conducta se pueda defender como
inocente, las huellas dejadas por las intenciones negativas se vuelven
más profundas y deterioran el ambiente.
Otras formas de
intenciones negativas incluyen el demostrar que uno tiene razón
reprimiendo a los demás; manipularlos, aunque sea sutilmente; esperar el
respeto de los demás sin respetar o depender de otros debido a la
propia imperfección o inseguridad interna.
Aun cuando algunas de
estas motivaciones pueden ser claramente evidentes para uno y para los
demás, otras intenciones pueden estar ocultas incluso para uno mismo y
requieren de un examen profundo para detectarlas, entenderlas y
cambiarlas.
Las intenciones positivas, por otro lado, se pueden
reconocer cuando, de forma natural y espontánea, respetamos y
beneficiamos a los demás; apreciamos la originalidad y las cualidades de
todos y les damos la libertad de ser ellos mismos. Incluso cuando
debamos decir palabras que puedan percibirse como una medicina amarga,
como opinar sobre una conducta inapropiada o sobre algo que pueda
afectar la vida de alguien, las palabras se pronuncian directa y
honestamente, con humildad y con consideración hacia la sensibilidad del
otro.
Cuando se trata con dignidad y respeto al receptor de la
opinión, se le escucha con empatía y se le implica en las decisiones
sobre los cambios, el diálogo se puede experimentar como algo positivo,
que abre las puertas a la oportunidad y da a esa persona la experiencia
del logro. Las intenciones positivas fortalecen al instrumento o al
emisor de esta información para que permanezca “limpio” y “directo”,
incluso cuando da un mensaje delicado.
jueves, 26 de noviembre de 2015
Apreciación
En general, es más fácil darnos
cuenta de nuestras carencias que apreciar lo que tenemos. Siempre que
surgen situaciones adversas en nuestro camino, tendemos a enfocarnos
sólo en lo que nos falta. Cuando tenemos esta actitud, somos incapaces
de hacer ningún esfuerzo para cambiar la situación. Entonces tendemos a
culpar a los demás o a poner excusas.
Por otro lado, tendemos a valorarnos a través de nuestros logros y de la consideración y apreciación que recibimos de los demás. Esto hace que nuestro sentimiento de valía dependa del exterior. Puesto que todo lo que viene del exterior no siempre es estable, nuestra mente y pensamientos fluctúan de acuerdo a ello. A veces estamos felices y a veces no.
Cuando somos capaces de apreciar nuestro propio valor inherente, entonces podemos usar de la mejor manera nuestras habilidades y talentos. Nos daremos cuenta de cuan capaces somos, y no necesitaremos más el reconocimiento de otros para sentirnos bien acerca de nosotros mismos.
Como práctica para experimentar, podemos percibir hoy cada reto o adversidad como una oportunidad para desarrollar nuestras habilidades y descubrir nuestros recursos escondidos. Cuanto más hagamos esto, más progreso experimentaremos.
Por otro lado, tendemos a valorarnos a través de nuestros logros y de la consideración y apreciación que recibimos de los demás. Esto hace que nuestro sentimiento de valía dependa del exterior. Puesto que todo lo que viene del exterior no siempre es estable, nuestra mente y pensamientos fluctúan de acuerdo a ello. A veces estamos felices y a veces no.
Cuando somos capaces de apreciar nuestro propio valor inherente, entonces podemos usar de la mejor manera nuestras habilidades y talentos. Nos daremos cuenta de cuan capaces somos, y no necesitaremos más el reconocimiento de otros para sentirnos bien acerca de nosotros mismos.
Como práctica para experimentar, podemos percibir hoy cada reto o adversidad como una oportunidad para desarrollar nuestras habilidades y descubrir nuestros recursos escondidos. Cuanto más hagamos esto, más progreso experimentaremos.
sábado, 7 de noviembre de 2015
Saber soltar
Sentimos pesar cuando nos agarramos
a las situaciones o nos involucramos excesivamente en las mismas. Nos
olvidamos de que estas situaciones son externas a nosotros. Todo lo que
se necesita es saber soltar y desprendernos de ellas. Una vez
conseguimos esto, recuperamos la felicidad y la paz y podemos volver a
sonreír. Cuán a menudo hemos vuelto la vista atrás en relación a algún
problema previo y nos hemos sorprendido de cómo nos dejamos afectar
tanto innecesariamente.
El arte de vivir desde el interior hacia el exterior es tal que no sólo nos capacita a desprendernos de aquello que está fuera, sino que nos desarrolla tal fortaleza que nos protege e impide que nos atrapemos en nada.
Cuando sabemos soltar todas las cosas externas a nosotros y nos liberamos, empezamos a sentir un estado de estabilidad lleno de tal felicidad que no importa lo que suceda, no lo podemos perder. La felicidad contiene los poderes de la paz y del amor. Cuando hay paz y felicidad sentimos que tenemos auto-respeto y que somos fuertes, que no somos una persona fácilmente alterable y de estado de ánimo cambiante.
Necesitamos poner atención a la calidad de pensamientos que permitimos en la mente. Esto es sensatez. Después de todo, es nuestra mente. Los pensamientos deberían ser puros, elevados y determinados. Entonces, simplemente observemos los resultados: experimentaremos paz de la mente.
Preguntemos a nuestro corazón: ¿Tengo pensamientos puros y sentimientos positivos hacia todos incluyéndome a mí mismo/a? ¿Presto atención a esto, convirtiéndolo en mi prioridad a medida que me muevo por la vida? Tales sentimientos crean una energía que automáticamente fluye hacia el exterior, protegiéndonos de las influencias negativas.
El arte de vivir desde el interior hacia el exterior es tal que no sólo nos capacita a desprendernos de aquello que está fuera, sino que nos desarrolla tal fortaleza que nos protege e impide que nos atrapemos en nada.
Cuando sabemos soltar todas las cosas externas a nosotros y nos liberamos, empezamos a sentir un estado de estabilidad lleno de tal felicidad que no importa lo que suceda, no lo podemos perder. La felicidad contiene los poderes de la paz y del amor. Cuando hay paz y felicidad sentimos que tenemos auto-respeto y que somos fuertes, que no somos una persona fácilmente alterable y de estado de ánimo cambiante.
Necesitamos poner atención a la calidad de pensamientos que permitimos en la mente. Esto es sensatez. Después de todo, es nuestra mente. Los pensamientos deberían ser puros, elevados y determinados. Entonces, simplemente observemos los resultados: experimentaremos paz de la mente.
Preguntemos a nuestro corazón: ¿Tengo pensamientos puros y sentimientos positivos hacia todos incluyéndome a mí mismo/a? ¿Presto atención a esto, convirtiéndolo en mi prioridad a medida que me muevo por la vida? Tales sentimientos crean una energía que automáticamente fluye hacia el exterior, protegiéndonos de las influencias negativas.
Honestidad y sinceridad
Sinceridad no significa simplemente hablar con franqueza. Significa conocer claramente lo que sucede dentro de ti.
Tal claridad se refleja en tus palabras, que tendrán el poder de la verdad, y surgirán con facilidad y sin vacilaciones. La sinceridad genuina cultivada dentro de ti es lo que les llegará a los demás y les influirá.
Si los demás te influyen fácilmente a ti, tu capacidad de ser sincero se reduce. Los demás no podrán recibir de ti ese sentimiento de verdad, y en tus relaciones no habrá un sentimiento de amor. Parecerán superficiales. Aunque el amor superficial es mejor que la carencia de amor ya que por lo menos asegura que no te vuelves totalmente frío, es obvio que no es el auténtico.
Se necesita mucho coraje para ser honesto. Una de las cualidades más nobles de una persona es la capacidad de decir: «Lo siento. Estaba equivocado y tú tenías razón». Lo que importa no es tener razón, esgrimir argumentos contundentes o lograr que acepten mis ideas. Lo que importa es ser capaz de reconocer mis errores, hacerme responsable de ellos, aprender la lección y seguir adelante con mayor grado de madurez.
La honestidad espiritual significa: “sé fiel a tu propio ser”. Es uno de los pilares de la grandeza, ya que permite experimentar el amor de Dios, y el sentimiento de que Dios y yo estamos muy cerca. Hay un gran poder en esta experiencia. Por desgracia, en lugar de disfrutar de tal grandeza de una forma natural, la mayoría de las personas renuncian a esta oportunidad poniendo excusas. Las excusas también son una forma de la falsedad.
Donde hay sinceridad y honestidad, los sentimientos se vuelven puros y limpios.
Tal claridad se refleja en tus palabras, que tendrán el poder de la verdad, y surgirán con facilidad y sin vacilaciones. La sinceridad genuina cultivada dentro de ti es lo que les llegará a los demás y les influirá.
Si los demás te influyen fácilmente a ti, tu capacidad de ser sincero se reduce. Los demás no podrán recibir de ti ese sentimiento de verdad, y en tus relaciones no habrá un sentimiento de amor. Parecerán superficiales. Aunque el amor superficial es mejor que la carencia de amor ya que por lo menos asegura que no te vuelves totalmente frío, es obvio que no es el auténtico.
Se necesita mucho coraje para ser honesto. Una de las cualidades más nobles de una persona es la capacidad de decir: «Lo siento. Estaba equivocado y tú tenías razón». Lo que importa no es tener razón, esgrimir argumentos contundentes o lograr que acepten mis ideas. Lo que importa es ser capaz de reconocer mis errores, hacerme responsable de ellos, aprender la lección y seguir adelante con mayor grado de madurez.
La honestidad espiritual significa: “sé fiel a tu propio ser”. Es uno de los pilares de la grandeza, ya que permite experimentar el amor de Dios, y el sentimiento de que Dios y yo estamos muy cerca. Hay un gran poder en esta experiencia. Por desgracia, en lugar de disfrutar de tal grandeza de una forma natural, la mayoría de las personas renuncian a esta oportunidad poniendo excusas. Las excusas también son una forma de la falsedad.
Donde hay sinceridad y honestidad, los sentimientos se vuelven puros y limpios.
lunes, 26 de octubre de 2015
La felicidad, un signo de sabiduría
Experimentar tristeza no es un
signo de sabiduría. Cuando sentimos tristeza por algo, tenemos que
entender que hay algo que nos falta por comprender. ¿Por qué deberíamos
sentir tristeza? ¿Nos ayuda a nosotros o a los demás?
Interiormente, las personas se crean muchas situaciones difíciles para sí mismas. La arrogancia, por ejemplo, hace que sintamos que nos faltan al respeto y nos causa tristeza y malestar. La arrogancia nos genera un deseo de recibir consideración y respeto y cuando no los recibimos, lo interpretamos como un insulto. “Mira, hago tanto por ellos y así es como me lo pagan”. Si damos desde el corazón y no tenemos arrogancia, entonces no lo sentiremos así.
Si tenemos buenas virtudes y nuestras acciones son buenas, nuestro destino también será bueno.
Pero sentirse triste o infeliz por algo, incluso estar de mal humor, es como poner una gota de veneno en un frasco de néctar. Lo estropea. No sólo se lleva la paz, sino que conlleva infelicidad. ¡No es para eso para lo que estamos aquí! Lo bueno es que rápidamente podamos crear una atmósfera de gran felicidad y alegría a nuestro alrededor.
Las personas sienten tristeza cuando se agarran o se resisten a las situaciones. Olvidan que estas situaciones son externas a ellos mismos. Todo lo que necesitan es soltar. Cuando lo consigan, serán felices, se sentirán en paz y volverán a sonreír. ¡Cuantas veces hemos mirado atrás en relación con un problema ya vivido y ha sido entonces cuándo nos hemos preguntado para qué tanto lío!
El arte de vivir de dentro hacia fuera no sólo nos permite soltar cuanto existe fuera de nosotros, sino que nos da la fuerza necesaria para evitar que nos atrape.
Cuando te sueltes de las cosas externas a ti, y llegues a ser libre, empezarás a sentirte en un estado de estabilidad, lleno de una felicidad que es independientemente de lo que suceda. La felicidad tiene los poderes de la paz y del amor fundidos en ella. Cuando hay paz y amor, sientes plenitud, te respetas a ti mismo y sientes gran fortaleza.
Interiormente, las personas se crean muchas situaciones difíciles para sí mismas. La arrogancia, por ejemplo, hace que sintamos que nos faltan al respeto y nos causa tristeza y malestar. La arrogancia nos genera un deseo de recibir consideración y respeto y cuando no los recibimos, lo interpretamos como un insulto. “Mira, hago tanto por ellos y así es como me lo pagan”. Si damos desde el corazón y no tenemos arrogancia, entonces no lo sentiremos así.
Si tenemos buenas virtudes y nuestras acciones son buenas, nuestro destino también será bueno.
Pero sentirse triste o infeliz por algo, incluso estar de mal humor, es como poner una gota de veneno en un frasco de néctar. Lo estropea. No sólo se lleva la paz, sino que conlleva infelicidad. ¡No es para eso para lo que estamos aquí! Lo bueno es que rápidamente podamos crear una atmósfera de gran felicidad y alegría a nuestro alrededor.
Las personas sienten tristeza cuando se agarran o se resisten a las situaciones. Olvidan que estas situaciones son externas a ellos mismos. Todo lo que necesitan es soltar. Cuando lo consigan, serán felices, se sentirán en paz y volverán a sonreír. ¡Cuantas veces hemos mirado atrás en relación con un problema ya vivido y ha sido entonces cuándo nos hemos preguntado para qué tanto lío!
El arte de vivir de dentro hacia fuera no sólo nos permite soltar cuanto existe fuera de nosotros, sino que nos da la fuerza necesaria para evitar que nos atrape.
Cuando te sueltes de las cosas externas a ti, y llegues a ser libre, empezarás a sentirte en un estado de estabilidad, lleno de una felicidad que es independientemente de lo que suceda. La felicidad tiene los poderes de la paz y del amor fundidos en ella. Cuando hay paz y amor, sientes plenitud, te respetas a ti mismo y sientes gran fortaleza.
Mantener un estado estable y constante
Para crear un estado estable y
constante a lo largo del día entero, es decir, libre de cualquier
trastorno de pensamientos de desperdicio tales como: “¿Por qué éste hace
o dice eso?” o bien “Esto no debería ser así, debería ser de esta
forma”, necesitamos posicionarnos en una conciencia elevada a través del
poder de los pensamientos puros. Hay tres conciencias elevadas que si
las experimentamos en la primera meditación de la mañana, antes de
empezar cualquier actividad, nos permitirán conseguir éxito a cada paso.
1) Conectar con la conciencia del alma y liberar esta corriente de paz que nos eleva: “Soy un alma y mi naturaleza eterna es la paz”. Piensa: Soy un ser espiritual, un alma hermosa llena con el poder de la paz.
Visualiza tu ser espiritual como un punto de energía brillante irradiando paz y armonía desde tu interior. Puedes observar que internamente te sientes más fuerte, más vivo, más concentrado.
2) Ahora lleva tu atención hacia el Ser Supremo. Visualízale como una hermosa y resplandeciente estrella espiritual. Desde el mundo del silencio, Dios te está llamando hacia Su Hogar, tu Hogar. Permaneces frente a Dios como si estuvieras frente a las orillas del océano. Las olas de la paz de Dios alcanzan tu mente, llenándola, llenando tu ser completamente. Eres sustentado, nutrido y fortalecido por la paz de Dios.
Esta conciencia nos da una visión de igualdad: todos somos almas, hijos de un Padre Espiritual, aunque el traje del cuerpo sea diferente y peculiar para cada uno.
3) Cualquier cosa que suceda pon un punto y final en ese momento. Es importante saber extraer el beneficio de cada escena para nuestro progreso en la vida. Genera la conciencia elevada de que los problemas y los obstáculos que se nos presentan diariamente son nuestros mejores profesores. Si aprendemos a afrontarlos con valentía y determinación eso nos hará crecer y madurar internamente. Simplemente tenemos que seguir observando la obra (la vida) como un observador desapegado. El arte de ser un observador nos capacita a relacionarnos con la vida de una manera muy equilibrada.
Estas tres conciencias fácilmente terminarán la fuerza del flujo de los pensamientos de desperdicio y nos harán poderosos. Estarás tan pacífico que los eventos externos y las circunstancias que te rodean no perturbarán tu paz.
1) Conectar con la conciencia del alma y liberar esta corriente de paz que nos eleva: “Soy un alma y mi naturaleza eterna es la paz”. Piensa: Soy un ser espiritual, un alma hermosa llena con el poder de la paz.
Visualiza tu ser espiritual como un punto de energía brillante irradiando paz y armonía desde tu interior. Puedes observar que internamente te sientes más fuerte, más vivo, más concentrado.
2) Ahora lleva tu atención hacia el Ser Supremo. Visualízale como una hermosa y resplandeciente estrella espiritual. Desde el mundo del silencio, Dios te está llamando hacia Su Hogar, tu Hogar. Permaneces frente a Dios como si estuvieras frente a las orillas del océano. Las olas de la paz de Dios alcanzan tu mente, llenándola, llenando tu ser completamente. Eres sustentado, nutrido y fortalecido por la paz de Dios.
Esta conciencia nos da una visión de igualdad: todos somos almas, hijos de un Padre Espiritual, aunque el traje del cuerpo sea diferente y peculiar para cada uno.
3) Cualquier cosa que suceda pon un punto y final en ese momento. Es importante saber extraer el beneficio de cada escena para nuestro progreso en la vida. Genera la conciencia elevada de que los problemas y los obstáculos que se nos presentan diariamente son nuestros mejores profesores. Si aprendemos a afrontarlos con valentía y determinación eso nos hará crecer y madurar internamente. Simplemente tenemos que seguir observando la obra (la vida) como un observador desapegado. El arte de ser un observador nos capacita a relacionarnos con la vida de una manera muy equilibrada.
Estas tres conciencias fácilmente terminarán la fuerza del flujo de los pensamientos de desperdicio y nos harán poderosos. Estarás tan pacífico que los eventos externos y las circunstancias que te rodean no perturbarán tu paz.
sábado, 17 de octubre de 2015
Resolver los conflictos mediante la paz
El conflicto nace principalmente
porque no tenemos una relación muy saludable con nosotros mismos y
solemos proyectar nuestra lucha interna en los demás. Los conflictos
están arraigados en nuestra mentalidad.
Somos la causa y la solución a nuestros problemas. La paz exterior depende de que cada uno consiga un mínimo de paz interior. Lo único que tenemos que hacer es permitir que fluya.
Algunos consejos prácticos para permitir que nuestra paz fluya en cada situación:
• Hay dos maneras de afrontar la turbulencia: en la superficie o en la profundidad. Permítete enfocarte en esas cualidades internas que no cambian con las circunstancias y podrás mantener estabilidad y esto a la vez te ayudará a tener más perspectiva y tomar decisiones más inteligentes ante los mismos hechos y personas.
• La gran lección es tener respeto por uno mismo. Vivimos en un mundo dónde nos tiran sal por todos lados y he de comprender que si nos duele es debido a mis heridas que están abiertas. El problema no es la sal, sino las heridas. Es necesario mirarnos hacia dentro para poder entender por qué tal situación nos hace reaccionar en lugar de culpar a los demás por mis heridas.
• La propia situación, la gente que influye en la situación, y yo son 3 variables que nos hacen danzar en pensamientos, sentimientos y acciones. Es importante darme cuenta que lo único que puedo manejar es mi actitud. Dejemos de emplear nuestra energía en intentar cambiar a los demás, son expectativas irreales que nos acaban frustrando y nos hacen perder la paz.
• En una discusión no se trata tanto de lo que se dice, sino de lo que se comunica. Imagínate un punto en la frente de tu interlocutor y que ese punto es luz y amor. Esta práctica te ayudará mucho a neutralizar tu hostilidad hacia el interlocutor y avanzaréis juntos hacia el acuerdo.
• Es esencial hacer pausas para el silencio y la reflexión a fin de permitir que nuestra intuición trabaje. Es la intuición la que encuentra caminos donde la razón se pierde y descubrirás las causas profundas y ocultas del conflicto.
Somos la causa y la solución a nuestros problemas. La paz exterior depende de que cada uno consiga un mínimo de paz interior. Lo único que tenemos que hacer es permitir que fluya.
Algunos consejos prácticos para permitir que nuestra paz fluya en cada situación:
• Hay dos maneras de afrontar la turbulencia: en la superficie o en la profundidad. Permítete enfocarte en esas cualidades internas que no cambian con las circunstancias y podrás mantener estabilidad y esto a la vez te ayudará a tener más perspectiva y tomar decisiones más inteligentes ante los mismos hechos y personas.
• La gran lección es tener respeto por uno mismo. Vivimos en un mundo dónde nos tiran sal por todos lados y he de comprender que si nos duele es debido a mis heridas que están abiertas. El problema no es la sal, sino las heridas. Es necesario mirarnos hacia dentro para poder entender por qué tal situación nos hace reaccionar en lugar de culpar a los demás por mis heridas.
• La propia situación, la gente que influye en la situación, y yo son 3 variables que nos hacen danzar en pensamientos, sentimientos y acciones. Es importante darme cuenta que lo único que puedo manejar es mi actitud. Dejemos de emplear nuestra energía en intentar cambiar a los demás, son expectativas irreales que nos acaban frustrando y nos hacen perder la paz.
• En una discusión no se trata tanto de lo que se dice, sino de lo que se comunica. Imagínate un punto en la frente de tu interlocutor y que ese punto es luz y amor. Esta práctica te ayudará mucho a neutralizar tu hostilidad hacia el interlocutor y avanzaréis juntos hacia el acuerdo.
• Es esencial hacer pausas para el silencio y la reflexión a fin de permitir que nuestra intuición trabaje. Es la intuición la que encuentra caminos donde la razón se pierde y descubrirás las causas profundas y ocultas del conflicto.
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